Atrevete a ser santo

ATREVETE A SER SANTO – Parte I

JOHN WHITE, EN SU LIBRO “ATREVETE A SER SANTO” DEDICA UN CAPÍTULO PARA HABLAR DEL ARREPENTIMIENTO.

ES EN ESE CAPITULO QUE ENCUENTRO ESTE PARRAFO QUE COMPARTO CON TODOS LOS LECTORES DEL BLOG.

Sólo cuando el Espíritu de Dios mismo abre nuestros ojos, podemos vernos a nosotros mismos y al mundo tal como Dios los ve. ¿Qué es, entonces, lo que nos hace cristianos? Es esa forma particular de conversión que se produce cuando un pecador entra en relación con el Salvador de los pecadores. Ocurre cuando el corazón arrepentido confía en Cristo para el perdón del pecado. Habiéndome visto a mí mismo de una forma que nunca antes me había visto, veo también a Dios de una manera totalmente nueva. Y cuando confío en él, nazco a una nueva vida.

Llanto, alarma y arrepentimiento

Las lágrimas en sí no representan arrepentimiento. El auténtico arrepentimiento produce un cambio en el comportamiento. La conducta transformada surge de un corazón transformado. En las Escrituras, el término corazón se refiere no tanto a las emociones sino a la persona. Cuando usted cambia, su conducta cambia.
Empecé afirmando que el arrepentimiento bíblico a menudo se acompaña de alarma y llanto. En algunas personas predomina el temor. Piense en la multitud a la que predicó Pedro en el día de Pentecostés. El apóstol los había acusado de crucificar al Mesías de Dios. De inmediato, reaccionaron con pánico. Curiosamente, el apóstol no los urgió a creer. Después de todo, su sentimiento de alarma indicaba que al menos creían en los hechos que les habían sido presentados. Más bien, Pedro los convocó a arrepentirse de su actitud previa hacia Cristo y, por medio del bautismo, a aceptar la enseñanza de Cristo como una evidencia de que confiaban en su misión mesiánica y en su condición de Hijo de Dios.

Actualmente veo con frecuencia manifestaciones de llanto y arrepentimiento a la vez. Recuerdo a un detective de policía que cumplía funciones en el departamento contra la inmoralidad, en cierta ciudad canadiense. Quizás como ilustración del principio de que ‘hace falta un ladrón para atrapar a otro ladrón’, este hombre tenía una conducta dudosa y era infiel a su esposa. Su segundo matrimonio parecía a punto de romperse, cuando Cristo lo encontró.

Nos conocimos durante un congreso. Como su conversión al cristianismo era tan reciente y estaba tan fresca en su mente, no podía controlar las emociones que esta transformación le producía. La dura caparazón detrás de la cual había estado oculto su verdadero ser ahora estaba destruida. Antes se había mostrado ‘todo un hombre’. Ahora, en cambio, durante una reunión de oración lloró sin contenerse, no tanto con tristeza como con gozo y asombro. Nuevamente maravillado por el amor de Dios hacia él y por la gracia de Dios que recibía, cayó de rodillas y clamó: ‘¡Me salvaste y me sanaste! ¡No lo entiendo! ¿Cómo pudiste…?’

A esto llamo arrepentimiento ‘a la antigua’, porque en muchas congregaciones ya no se ve. Sin embargo, ha empezado a ocurrir con más frecuencia, no por efecto de la manipulación por parte de los predicadores, que es algo aborrecible. Ninguna manipulación desde la plataforma puede producir el arrepentimiento que viene de Dios, ya que este es una obra de su Espíritu Santo. La manipulación es una obra de la carne. Ya es hora de que vuelva a darse una renovación a la antigua, y en el próximo capítulo hablaré acerca de su verdadero carácter.

Escribe un comentario